miércoles, 23 de abril de 2014

Sartori, la eterna barbarie y América Latina:

La video-política es una de las afirmaciones caras que hace Sartori cuando confirma que sus ideas en torno a la democracia tal vez no fraguaban como el consideraba. En este sentido vale considerar que Sartori como muchos otros, tiende a desconfiar tal vez de la victoria del Imperio norteamericano sobre la Democracia norteamericana, es decir lo de lo Real sobre la “ideología”.

            Cuando se considera esto queda claro que, no hay espacio para pensar en una democracia que se perfecciona infinitamente. Primero porque la democracia no es exportable, y el modelo de democracia que domina democracia no es demasiado amable. Por lo que la idea de imperialismo y democracia no se llevan bien. Eso mismo además tiene un terrible correlato, el “Pan y Circo” de Roma, un Imperio, el más “grande” de la antigüedad, sin duda, Occidente, hoy vuelto a presentar por medio del poder norteamericano. Primero de todo debemos pensar, una serie de cuestiones, la primera de ellas es: a) ¿La sociedad norteamericana es más democrática hoy de lo que era en los 70´ y 80´? b) ¿Realmente se expandieron las “democracias en el mundo”? para la mayoría de los politólogos, las dos serían afirmativas, lo importante es pensar, qué queremos decir. Primero podemos ver que Obama es una nuestra cabal de ciertas cosas que supuestamente hacen políticos sudamericanos o del resto del mundo, lo primero recordar el “Yes, We Can” para luego pasar al “Foward” en este sentido, Estados Unidos la democracia más grande occidente no tiene planes específicos y bien cuidados para dar a sus electorados. ¿Cuál sería esta razón? ¿El populismo? NO.

            La respuesta es sencilla la video-política, la video política tiene algo de comedia, como parte de una gran representación la política son expresiones con poco sentido. En eso podemos saber que hay en la política actual dos cosas caras a los candidatos relevantes, decir frases vacías: “Todos queremos que mejore la educación”, sin aclarar el cómo, u otras frases directamente sexistas o xenófobas. Pero ¿cuál es la gran diferencia?  Primero debemos decirlo, los presidencialismos latinoamericanos, muchas veces han sido más burdos en sus formas que los norteamericanos, y sobre todo no han tenido éxito. Pero incluso así, Nixon, podría haber sido tipificado como el dictador de la república bananera a no ser que se tratara antes que nada de Estados Unidos. El ejemplo de Nixon es elocuente, primero por sus enemigos en los medios dignos de un Correa o un Chávez, aunque claro en otro contexto. Debemos decir que Nixon era demasiado liberal para “expropiar medios” pero no para pensar que periodistas, pacifistas y otros grupos eran enemigos del país. No sería raro pensar en qué mal que sonaría al republicanismo a Nixon el dos veces presidente de los Estados Unidos. Con todo podemos pensar, ¿No sería demasiado? Cuando nos damos cuenta que los escándalos en torno a los presidentes y el poder de Watergate como símbolo, en el cual los “medios habrían tirado al presidente” por obra y gracia del pueblo, lo cual sería para muchos en Estados Unidos crudo populismo. Por suerte como sabe Sartori, la video-política no es el fin de la historia, sino el inicio de la nueva era, la era de Sarah Palin, Mujica, Putin, e incluso Merkel. Todos ellos personajes, la idea de una presidencia marcada por el “personaje”, sus actitudes, y casi un juego cortesano digno de una monarquía, un espacio público bastante burdo, bastante extraño, pre-revolucionario, parecería ser lo que molesta a Sartori. Sus miedos forman parte de un realismo bastante crudo, y de la experiencia de Benito Mussolini. Acá es donde nos debemos pensar una forma bien distinta de abordar la política en América Latina, el fenómeno de una notoria alienación tiene incontables figuras, desde Videla en el mundial 78´, Galtieri, Alfonsín, las dos imágenes de Menem, el rosista y el moderno neoliberal, la de Duhalde como un oscuro hijo del peronismo hasta el hombre del orden, que sedujo a la intelectualidad bastarda del liberalismo en una turbia realpolitik, él era el “Piloto de Tormentas”.

            Podemos estar seguros, que las versiones literarias de los personajes, van de Perón a Thatcher, y dejan perplejos a muchos. No fue sino la progresión de la radio al cine, para luego la televisión y la Internet la que dieron una formidable presencia a los líderes políticos, e incluso más fuerza que la que tiene el cómicamente negro experimento actual de Corea del Norte. Esto es lo más importante e incluso cuando se piensa la épica del cine versus el programa de televisión, y se piensa en creaciones como “Alo presidente” o las extensas cadenas nacionales en Argentina, u Obama hablando con los usuarios en las redes sociales, uno se da cuenta que han alienado hasta el ridículo el sentido dictatorial de la sobre-exposición mediática. Tal vez se juzgue esta idea de chata, y se han hecho formidables esfuerzos por darle a la “maldición latinoamericana” una dosis de exotismo extremo, puede que en este sentido América Latina sea tan cosmopolita y globalizada como cualquier otra cultura. Esto se sabe desde siempre, más cuando Perón sería una forma de “fascismo latinoamericano” y Chávez una forma de “marxismo latinoamericano”. En la historia de América Latina si hay un país con una épica que no tiene que ver con novelas, ni con hazañas mitológicas sino que esta fundado en una corta vida, y en parte sostenido por los medios de comunicación, esa es Cuba. Por eso los grandes discursos de Fidel Castro fueron un modelo, y lo siguen siendo de la capacidad de improvisar, y pasar revista a una infinidad de cuestiones. Esta relación líder-masas, cambia en la forma que cambian los medios de comunicación y otras variables por lo que las distopía no cuajan en un esquema simple. Los medios crean la ilusión en la video-política, cualquier cosa bien cubierta puede ser heroica y cualquier tragedia una cosa menor. Para peor, esto pasa en todo el mundo, la “Ley Patriota” de Bush, realizada de forma oportunista luego de una crisis la del 11 de septiembre no tiene nada que envidiar, a la reforma constitucional chavista desde el punto de vista de sus críticos más feroces, o la guerra de Irak y la invasión a Afganistán. De hecho el asunto de Bush en Florida, su affaire con Gore es parte de esa forma de vida de la “democracia norteamericana” sin sorpresas, como lo serían esencialmente en países como México, con el PRI o con Argentina y el peronismo. Todo eso se da sobre la evidencia de que los cambios no se dan en la forma que muchos especulan, sino como se muestran, tan vacío de sentido esto y tanta mala fe en el camino que el slogan: “La revolución no será televisada” peca entre irónico y a la vez ingenuo. En los tiempos de la “video-política” toda revolución vale la pena televisar, porque las revoluciones son puestas en escena. Incluso la represión es idealizada. Todo esto forma parte de un lugar donde las masas no se mueven y si se mueven es para que otro las vea. Hay un delicado equilibrio entre democracia formal, imperio, y masas. Su punto más brillante son las críticas ácidas que ocurren en estos sucesos. El “simulacro” es una de las palabras más ricas, que combinadas con la video-política construyen resultados asombrosos. ¿Qué es la política realmente? Son las largas exposiciones de los primeros mandatarios, ¿es esto lo que genera consecuencias permanentes? O es la “impersonal” administración del Estado y las variables que producen sociedad. ¿Por qué podría haber instituciones monstruosas y a la vez resultar irrelevantes? Podemos decir, que en este sentido, los diagnósticos son confusos. Claramente Sartori no un pensador pequeño burgués ansioso hasta el ridículo de aumentar la democracia, el mismo dice que el “directismo” es una enfermedad, Max Weber ya daba a entender que un mundo de frías y crueles burocracias, el contacto carismático del líder hacía lo que hace la televisión distraer de los problemas del poder y de la conciencia de ese poder. El populismo de Laclau, y de sus enemigos, el eterno reformismo institucional, la institucionalización hasta del absurdo, ¿podrían sobrevivir sin la maquinaria televisiva? El agenda setting ha creado el como si, lo formal y las luchas sociales pueden escapar de la clase social, cuando el ser y parecer de todos los actores sociales dependen de los medios de comunicación, incluso en el caso de Sartori, de acuerdo a su exposición cuando la gente se hace más imbécil. Incluso porque son más imbéciles, la idea de lo instantáneo y el sobreactuar su papel se torna esencial.         

 En este sentido tal vez sea justo decir, su idea misma de una cultura de la imagen y política de la imagen puede ser un efecto demoledor para la idea de política en América Latina, el caudillismo en el ser y en el deber ser- por eso mismo el provincialismo y el cosmopolitismo han generado tantos suplementos narcóticos a la idea misma de América Latina. Mostrándose como a lo largo de su vida, Sartori como un pensador que pretende ser severo no quiere andar con medias tintas en torno a lo que el considera un mal capital.

            Desde el principio ataca lo que considera la verdad, la verdadera cultura y política de sus enemigos- los falsos demócratas- es decir los no burgueses, los monstruos, ignorantes, “comunistas”, el lumpen proletariado obtuso de occidente tardío- esta idea bastardeada es la que los enemigos de la noción de “periodismo militante” han esgrimido frente a la cuasi postración de lo que sería el difuso intelectual orgánico postmoderno- Sartori si es vale aclarar un intelectual orgánico y tuvo un gran impacto en la Argentina y América Latina en los 80´, el “directismo”, esto es que la gente decide de la manera más veloz y mejor que por lo tanto en suma todos los políticos no saben y la gente sí sabría lo que está haciendo. En este sentido Sartori vuelve a la idea de una “democracia de expertos”- la idea de representante por excelencia- enemiga de la Comuna de París, la primera pregunta que podemos hacerle es justamente es: ¿Expertos en qué? El fácilmente nos responde. Expertos en el arte del gobierno, expertos en suma en hacer lo que la gente no sabe, por preparación y especialización, es decir una “mala noticia” para el Partido de la Red y el Partido Pirata, no hay nada que discutir con ellos ( No hay democracia 3.0 posible). Para peor ataca a toda la clase intelectual proletarizada la cual sería idiota e incapaz, esta es la portavoz de esta terrible democracia de los idiotas. En este sentido la mayoría de las democracias lo serían porque la gente es apática e idiota (falsamente universalista y reflexiva), pero más peligroso es donde las élites también pretenden serlo (mediocres, corruptas, nepotistas, oligárquicas). Es divertido de pensar, mientras más se considera en lo que muchos consideran que son los ídolos y los mitos populares como burdas mentiras, Maradona, Chávez, el Che son igual de peligrosos, pero sus enemigos si se quiere Cavallo, De la Rúa, Fujimori, lo son en tanto que simplifican hasta el grado del absurdo. Símbolos que justamente demuestran lo peor de lo peor.

            Es curioso algunas cuestiones se están demostrando como crudas y candentes en el debate intelectual. La primera de ellas es evidente, ¿qué ocurre con el electorado? Mejor idea que la pregunta por la lucha apocalíptica entre populismo e institucionalismo.  Básicamente para quienes sólo consumen imágenes, dependen de fotos y videos, la política es algo demasiado estrecho y los problemas que se pueden resolver son escasos. En este sentido puede ser iluminador la idea desarrollada anteriormente como: ¿Pallywood en Venezuela?, donde se ponían en duda la gran cantidad de imágenes que atravesaban el Internet y la realidad en Venezuela. Sobre esta base se han construido otras, que han preocupado a Occidente. Digamos que Sartori no piensa en la República Popular China, para Sartori da igual Berlusconi o Maduro, da igual Menem o Chávez, no le importa en lo más mínimo porque el factor común sería lo ameba que tiende a ser la conducta de los votantes ¿ Se informan estos de asuntos de Estado realmente? ¿Consumen prensa que valga la pena?. Podemos decir sin miedo que esta idea bien sostenida tiene sus contradictorias consecuencias, la primera de ellas es: “expectativas irracionales”, una parte importante de lo que sería la ausencia de información, conocimiento y opinión de millones de personas sería culpa de ellas, del Mayo del 68, y de la mala pedagogía actual (que no cree en la autoridad de la Razón). Es decir bases endebles para conocer, y la ausencia de verdades claras.

            Es curioso porque esto suele ser dejado desde el lado del populismo y sí es tomado fuertemente desde el institucionalismo y desde el punto de vista de la tecnocracia, poco sirven esquemas abstractos de derechos ganados versus derechos perdidos. Lo que se pone en juego es la idea misma de un presidente, su credibilidad, su cordura, su sensatez, su ausencia de demagogia, de apelar a los sentimentalismos del pueblo, ciudadano, votante, etc. En este sentido los populismos latinoamericanos han pasado a la historia para el liberalismo como formas de payasos y palaciegas del poder. Queda decir que esto hace la idea misma de una serie de mitos, y creencias, sobre todo de la primera producción periodística y cultural, la cual abonaría en la tara incurable. Sería la porquería pre-existente que achata las mentes lo que haría que luego la idea de un pájaro en la cabeza de un presidente fuera creíble. Esta idea iría en contra directamente contra toda apelación novelada de la realidad política, en contra de la misma audiencia. En este sentido el género de la telenovela, y el género del noticiero, no serían muy distintos del mensaje de un presidente. Esto puede tener consecuencias, de repente el eclecticismo de un Chávez, o un Kirchner, un Correa son todos disueltos. Se trata simplemente de oportunismo y opereta, de la imagen de lo popular, y la cultura de masas mismas. La gente al no tener ideas previas no discute a las nuevas que aparecen.

            Por lo que gran parte de la política latinoamericana sería una versión de telenovela, mientras que la política norteamericana y europea apenas si es un poco más seria. Todo se trata de pensar en las muertes de Hugo Chávez y Néstor Kirchner por ejemplo, la seriedad o no de todos los discursos de los presidentes latinoamericanos, frases como la de Mujica: “Esta vieja es peor que el tuerto” y otras. Sobre esto muchas veces se han creado polémicas estériles. Queda claro que la idea de la palabra infalible de un presidente o periodista se devora la política misma. En este sentido madura la idea de una mera presentación de los temas. Agendas que parecen decir varias veces lo mismo. Hoy se puede leer: “Massa y Cardoso apuestan a una mayor unión en el MERCOSUR” mientras que Lula y Kirchner y de Dilma y Cristina Fernández de Kirchner habrían hecho lo mismo. Curiosamente la gente no se daría cuenta, no pensaría en estas consecuencias, y habría sido convencida de forma más o menos simple, y de hecho lo es. Tanto que en Latinoamérica podría disolverse una parte de lo ocurrió en los últimos 10 años con facilidad, esto es lo pensado en gran parte por los escépticos de este proceso en general. Una masa apática e informe sin pensamiento abstracto sólo se deja llevar sedada. Ante este absurdo, la cultura de la imagen habría triunfado, las élites habrían triunfado y estaríamos cerca de un mundo feliz sobrepoblados de epsilones.

            Lo importante para Sartori son estos cerebros licuados en sociedades conformistas. Una sociedad que a su entender se suicida, ya que lo peores llegan al poder. Esto quiere decir, ¿hay posibilidades de intelectuales en América Latina? En este sentido, los intelectuales que adornar desde gobierno y oposición la televisión desde Miami a Tierra del Fuego no serían la solución más bien el problema. Esta versión despojada de todo valor, sólo expone a todos los males anteriormente citados, ni siquiera podría responder a una clase, grupo o interés. Lo a-político y la presión por la democracia irían de la mano para aumentar lo amorfo de su sentido. En este sentido las utopías locales, no serían más que la fantasía más kitsch por eso último poco importaría los buenos ojos para con esta barbarie. ¿Realmente esta se ha movilizado como algunos han querido ver en pos de la política? Para Sartori como para otros se trata de imágenes laxas y hasta ridículas, en este lugar la barbarie de la cultura de la imagen se mezcla y se amalgama con tradiciones muy caras como las del “voto calificado” – no obstante la clase media sería alcanzada por los mismos huecos mensajes.

            En todo caso nada sobrepasa la sociedad y democracia liberales. La Internet sólo potencia el opio, pese a los ciber-opositores a los populismos, oposiciones tan planas como los oficialismos, tratarían de conquistar el poder por fuerza bruta como si se tratase una religión. En este sentido, se descartan todas las bases, se pasa a otro plano se abandona lo provincial, exótico y populista. La política Latinoamericana está atravesada por la estupidez por la desigualdad de ingreso y de educación versus el acceso a la televisión. Por ejemplo temas como la Ley de Medios en Argentina o la relación con los medios de Correa serían el súmmum de esta tara local. En cierto sentido esto puede ser entendido. Jorge Lanata fue significativo esto cuando dio a entender que la Radio de los Wichis no importa. Pero en sí mismo Lanata con el concepto de grieta no sería más que un idiota ilustre, que se podría sumar a Barone, Rial, o Majul. El drama es otro, ¿dónde están las políticas? La presentación de lo que es el contenido, su forma de espectáculo sería el problema, CNN y Telesur, serían en suma la misma cosa. No habría realmente una ideología que cuestionar en sí misma.

            Es muy interesante este enfoque porque de acuerdo a esta postura, nada se estaría democratizando, y para peor, nada habría sido democratizado incluso antes de los procesos populistas. Esta sociedad ya estaría poblada en sí misma por idiotas, idiotas que podrían creer todos los mitos que Sebrelli pretende denunciar en el “Olimpo Vacío”. Por lo que, en el fondo Sartori con su teoría de la democracia, y la verdadera opinión pública la libre de sociedades democráticas pensaría que la sociedad Latinoamericana es chata, y que su directismo hace estragos. Bandos estúpidos en peleas no son muy lúcidos, lejos de Carl Schmitt y la guerra civil, se trata de letargos, violencia, delincuencia, se trata de trabajadores poco calificados. Toda esta sociedad “descartable”- recordemos que el capitalismo descarta en cuanto el valor de uso, se consume post valor de mercado; quiere llevar al poder a sus iguales, es decir, una terrible “democratización” ya temida por Tocqueville, no ahora de los ambiciosos y tiranos sino de los imbéciles y pasivos. En este sentido, Nicolás Maduro sería uno de ellos, también Cristina Fernández de Kirchner por no tener su título de abogada, Lula da Silva por no tener grandes estudios, etc., etc., etc. Las elites pueden estar bien seguras en el poder, o perderlo a mano de infelices que suicidarían la sociedad (populismo totalitario peor que el de Hitler según palabras de Aguinis sin “ideales”). En este sentido el derroche toma una nueva dimensión, y ya no se trata de una patria contra una anti-patria, sino de capaces contra incapaces. Nuevamente hay un destino, por una parte un mercado internacional y una sociedad con desafíos técnicos de gobierno, instituciones que se pueden construir por medio del saber, del otro imbéciles o salvajes ebrios de ideología.


            En Argentina esto está completamente desdibujado, en Venezuela, su resultado es ambiguo, en Paraguay incierto, en Chile seguro, y en Brasil cuestionable. Sergio Massa o Daniel Scioli, no parecen en sí mismos personajes de profunda formación, y su administración no sería más que su experiencia, lo que se llama “gestión”. La Argentina no sería reemplazada por expertos más que en el área de economía, las burocracias idealizadas irían al tacho de basura, y el paso obligado sería la apertura hacia los capitales del exterior. No se debería creer demasiado en las políticas de Estado por sí mismas. En Venezuela esto es llevado a la exageración, tanto que no se trata más que de aliviar, la carga del Estado sobre la renta petrolera y anclar la desigualdad y no pedir mucho más al petro estado del mar caribe (lo cual no es muy ambicioso por cierto). En este sentido la irritación forma parte de la suerte de estas figuras políticas. Otro ejemplo de ello sería Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires. Otras figuras del mundo político que tampoco destacan por sus expresiones existen en toda America Latina. Expresiones racistas, clasistas o románticas pueblan distintas concepciones políticas y a la vez entierran lo que deberían ser los cortos debates de la Opinión Pública.

        Una “hegemonía sobre idiotas” o su contrario no sería la gran cosa. Esto ha sido el desencanto que va desde Kennedy, el que se preguntaba retóricamente “¿Qué es lo que puede hacer un presidente por su votante sino que puede hacer un votante por su presidente?” a la chatura, ya sin enemigos soviéticos donde el fin del mundo depende de de personas como Obama, Romney o Marco Rubio, en el caso de China, la brutal disciplina, y la inteligencia por el esfuerzo y el trabajo sería un “endemoniado espíritu protestante” (Fe en las obras) aquellos que no disfrutan del todo el ocio, y se manejan en la barbarie, pero que llegado el caso, por su libertad posible serían más altos, la realidad potable de una democracia norteamericana cómoda, y sus necesarias hijas putativas, latinoamericanas, atadas de pies y manos. 

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