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sábado, 16 de agosto de 2014

Una oportunidad histórica para la liberación

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Una oportunidad histórica para la liberación latinoamericana

Año 7. Edición número 326. Domingo 17 de agosto de 2014

La política de Estados Unidos hacia la región ha sido posible por el fracaso de la unidad de nuestras naciones.


La consolidación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) puede representar un punto de inflexión para la región frente al hegemonismo norteamericano. Esta contraposición entre “americanismo” y “panamericanismo” data desde la formación misma de los Estados nacionales en la región. Analizar las raíces históricas de ese contrapunto resulta un dato importante para comprender la importancia de fortalecer el proyecto de la “Patria Grande” en la actualidad.
En el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826, el venezolano Simón Bolívar intentó plasmar los objetivos fijados en la tenida de la Gran Reunión Americana impulsada por Francisco de Miranda, que buscaban la unidad del continente. Sin embargo, se encontró con reparos de otros “Caballeros Racionales”, como se conocía a los miembros de las Logias independentistas, que no acompañaron la patriada. Es que paralelamente, unos años antes, en 1823, el presidente James Monroe expuso ante el Congreso norteamericano las ideas de John Quincy Adams acerca del interés de ese país sobre las ex colonias españolas.
El panamericanismo norteamericano se vio favorecido por el fracaso de la unidad latinoamericana, que quedó convertida en una veintena de centros portuarios vinculados al comercio internacional, parafraseando a Abelardo Ramos, ofreciendo el producto que le había asignado producir la división internacional del trabajo y que beneficiaba a un puñado de terratenientes devenidos en clases dominantes de esos países ahora dependientes. A lo largo de casi dos siglos, Estados Unidos intentó sostener su hegemonía en la región en la Conferencia Panamericana de Washington en 1889/1890. Allí, impulsaba la formación de un organismo supranacional y una unión aduanera, que frente a la expansión industrial norteamericana, subsumía a la región bajo su dependencia económica.
Paradójicamente, en esa oportunidad, la más férrea oposición la encontró de la delegación argentina, compuesta por Manuel Quintana y Roque Saénz Peña. Este último sostuvo que “América se inclina a mantener y desarrollar las relaciones con todos los Estados y la doctrina debe ser: América para la Humanidad”, en un locuaz mensaje contra la idea de “American for Americans”. Casi en la misma sintonía que contrapuso Néstor Kirchner contra el “Consenso de Washington” en la IV Cumbre de las Américas de 2005, responsabilizando a los países centrales del endeudamiento de la región.
En ese encuentro, Estados Unidos no logró la totalidad de sus objetivos, pero se constituyó una “Oficina Internacional de Repúblicas Americanas” que sería la base de la “Unión Panamericana” creada en Buenos Aires en 1910. Sin embargo, el intervencionismo norteamericano mostró su cara más cruda hacia 1902, cuando el presidente Theodore Roosevelt dio la aprobación y se sumó al bloqueo de los puertos venezolanos realizado por Inglaterra y Alemania, a las que se les sumaría también Italia, en reclamo de deudas contraídas por ese país y su declaración de insolvencia, hoy entendido como “default”. Quizás en la actualidad el juez Griesa se apoya en esa visión prepotente, haciendo bloqueos a los fondos de pago de Argentina, sin tener en cuenta una doctrina que data de esa época, expresada por el argentino Luis María Drago, que sostenía que el uso de la fuerza militar, ahora institucional, era inaplicable a las relaciones entre deudores y acreedores.
De hecho, en ese período, el mismo Theodore Roosevelt impulsa el “Bick Stick” como política sobre los países caribeños y de Centroamérica. En ese contrapunto, serían Argentina, Brasil y Chile los que articularían la visión del ABC, como una acción multilateral de contrapunto sobre el intervencionismo norteamericano. Hoy las tres rosas que gobiernan esos países, Dilma, Cristina y Michelle, reeditan este contrapunto en la región.
Si bien la crisis del ’30 propició un buen momento para articular lazos en la región, esta posibilidad se demoraría tanto por los intentos de Argentina, que se arrodillaría ante Gran Bretaña para que la reconozca como su colonia en el tratado Roca-Runciman, como por la capacidad de Estados Unidos de propiciar una nueva relación con la región, ahora Franklin Roosevelt impulsaría la política de “buena vecindad” como antesala a la formación de la Organización Americana de Estados, que tuvo su constitución precipitada con el ingreso del país norteamericano a la Segunda Guerra Mundial, quien presionó a la región para que se sumen al conflicto, encontrando eco especialmente en México, Colombia y Brasil, donde incluso los aviadores brasileños fueron decisivos en la conquista de Italia. Sin embargo, Estados Unidos incumplió los compromisos de la OEA durante el conflicto de Malvinas, no solo al no intervenir frente a una agresión externa de un país miembro, sino que además apoyó al agresor.
Durante la posguerra, América latina encontró ciertos espacios para propiciar articulaciones multilaterales. Cabe destacar la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALAC); la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi) o el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA); junto a otros espacios subregionales como el Mercado Común del Sur (Mercosur); la Comunidad Andina de Naciones (CAN) o el Mercado Común Centroamericano (MCCA). Sin embargo, Estados Unidos tras intentar reordenar socialmente la región desde la Escuela de las Américas, durante la ofensiva neoliberal de los noventa, impulsó la Alianza de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que buscaba subsumir la región al accionar transnacional de sus empresas.
Además de contraponer la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA), Hugo Chávez acompañó la posición de Néstor Kirchner con su famoso ¡ALCA al carajo!, que echó por tierra las pretensiones panamericanistas y propició un nuevo marco durante el siglo XXI, sumado al dominó de gobiernos populares en la región. Así, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) constituida en Brasilia el 23 de mayo de 2008, que cobró plena vigencia con la ratificación de los Estados el 4 de mayo de 2010, centrado en acuerdos que van más allá de lo económico, con objetivos en educación, cultura, democracia y desarrollo.
Este derrotero de la Unidad Latinoamericana reencuentra una oportunidad en la conformación de la Celac, impulsada el 23 de febrero de 2010, en la Cumbre de la unidad de América Latina y el Caribe, en México, y constituida el 3 de diciembre de 2011, en Caracas. Es que es la primera vez que en el continente de América latina y el Caribe se conforma un espacio donde toda la región se reúne sin la tutela de Estados Unidos. No sólo eso, porque si bien en la I Cumbre, realizada en Chile, el anfitrión de entonces, Sebastián Piñera, intentó presentar esta reunión como un mero foro de debate, desde la II Cumbre en La Habana, el organismo declaró sus intenciones y objetivos en base a una acción de cooperación para el de­sarrollo.
Sin duda, un espacio integrado por 590 millones de habitantes en una extensión territorial de más de 20 millones de kilómetros cuadrados da una oportunidad de desarrollo sin precedentes en la historia de la región. Pero además, esta nueva configuración marca la posibilidad de establecer un nuevo funcionamiento institucional en el continente, que preserve los intereses sustentables y los derechos sociales de su población.
Además, permite una nueva relación con otros bloques, rompiendo el esquema de negociaciones bilaterales tanto con Estados Unidos como con la Unión Europea. El resultado de esto puede citarse la Cumbre UE-CELAC, realizada en Santiago de Chile, y el Foro China-Celac celebrado hace un mes en Brasilia, que tuvo de antesala la reunión de la VI Cumbre del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) donde varios países del continente estuvieron invitados.
Por lo expuesto, el continente se encuentra con su mejor oportunidad histórica para concretar un proyecto de integración, que además no se reduce a una lógica económica, tal como lo mostró el accionar de la Unasur en defensa del orden institucional democrático en la región. Quizás, ese sueño bolivariano pueda vivirse en la América de hoy.

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OTRAS NOTAS

  • Desde sus raíces, el continente se vio asediado por potencias mundiales. Partiendo de su conquista, pasando por su independencia y la formación de los estados nacionales, hasta la actualidad, América Latina tuvo que lidiar con las pretensiones de los imperios del momento. Lo fue Gran Bretaña en el siglo XIX, Estados Unidos en el siglo XX y pareciera ser China en el siglo XXI.
  • La Alianza del Pacífico se constituyó en baluarte del libre comercio internacional en América latina. Asentada sobre fuertes bases neoclásicas en cuanto a su concepto de integración económica, Chile, Colombia, Perú y México acordaron crear una enorme zona completamente libre de aranceles de aquí a 2025 como máximo. A diferencia del Mercosur, la Alianza del Pacífico sustenta su proyecto de integración sobre los principios del liberalismo económico del laissez faire.
  • La unión latinoamericana.
    El mito es la última verdad de la historia; lo demás es efímero periodismo.” Esta frase de Borges (Textos recobrados, 1956-1968) ha sido confirmada por la realidad. La unión de nuestras naciones se basa en una identidad latinoamericana sustentada en mitos fundadores. Uno de ellos es el retorno a la idea de unión latinoamericana, tal como fue soñada en el tiempo de las guerras de la independencia: cada país es la Patria Chica, parte constituyente de una Patria Grande.
  • La próxima reunión de la Cumbre de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) y la Unión Europea (UE) trae interesantes novedades en el mapa geopolítico de los intereses continentales e intercontinentales entre los dos bloques. Además, pone de manifiesto el interés de los europeos en Latinoamérica. Tomando en cuenta la profunda crisis en la que se encuentra Europa, los recursos latinoamericanos resultan esenciales a la hora de producir una estrategia global de superación de la crisis.
  • Fabián Calle, reconocido analista internacional argentino y columnista periodístico del programaDEF TV, califica como “optimas” las recientes decisiones anticrisis tomadas por la cumbre Unasur de Buenos Aires pero, sin embargo, advierte que la “la clave es diseñar una estrategia regional para que el comercio con China tenga un marco sostenible en el tiempo y no andar en veinte años firmando un Tratado del estilo Roca-Runciman con los ellos”.
  • La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) reconoce como antecedente directo de su constitución al Grupo de Río y a la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (Calc). Ambas instituciones dieron forma a la Celac en las reuniones de Salvador de Bahía, en diciembre de 2008; Cancún, en febrero de 2010; y Caracas, en diciembre de 2011. Estos encuentros marcaron la articulación del instrumento de cooperación, diálogo e integración más importante en la historia de América latina.

sábado, 28 de junio de 2014

Las venas abiertas de América latina

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Las venas abiertas de América latina

Año 7. Edición número 319. Domingo 29 de Junio de 2014

Así como el oro y la plata fueron el objeto del saqueo en la Colonia, la generación de deuda externa en los países de la región es hoy una herramienta para reforzar su dependencia.


En su clásico libro, Eduardo Galeano sostiene: “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”, y agrega: “Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta”. Y pareciera que esta situación no ha cambiado para la región, que antes proveía de oro y plata a la acumulación originaria del capitalismo europeo, tal como lo describió Carlos Marx en El Capital, y que en la actualidad provee de divisas al voraz capitalismo financiero internacional, con epicentro en Estados Unidos.
Colonialismo. Cabe destacar, que el proceso de endeudamiento externo fue un mecanismo utilizado para generar una relación dependiente de las economías latinoamericanas, desplegado por Gran Bretaña desde 1820 hasta 1930 y posteriormente por Estados Unidos desde 1945 a la actualidad. La dependencia financiera genera un comportamiento cíclico vinculado a las fases económicas de los países desarrollados, que básicamente trasladan sus excedentes financieros a otras plazas en momentos de caída de tasas de ganancia en las economías centrales, pero cuando se contraen los precios de materias primas o aumenta la tasa de interés en el mercado internacional, huyen de las regiones subdesarrolladas provocándoles crisis financieras. En definitiva, cuando las fuentes de crédito se secan, entran en recesión y los Estados realizan ajustes por la restricción de divisas.
Esto echa por tierra argumentos que sostienen que la crisis de la deuda es por el “mal gasto” de gobiernos populistas que hacen “clientelismo” y no cuidan sus cuentas públicas. En realidad, las crisis se producen por los límites impuestos a las economías latinoamericanas, ya sea por la dependencia externa a los precios internacionales de sus exportaciones como por las restricciones que ejercen los gobiernos centrales, especialmente Estados Unidos, con límites de refinanciamiento o incremento de tasas de interés para repatriar capitales. En definitiva, las crisis son generalmente provocadas por una recesión o por un crack que golpea a las principales economías industrializadas.
La culpa es de la derecha. Además, cabe señalar que durante las grandes crisis que sufrió la región, los países estaban dominados por la hegemonía de fuerzas liberales. La padecieron los incipientes gobiernos latinoamericanos con la sobreproducción de mercancías británicas en 1826 y las repúblicas conservadoras con la depresión en 1873. Sin duda, la más crítica fue en 1930, que encontró al continente altamente endeudado, porque los títulos emitidos especialmente por Brasil, Argentina y México cotizaban en alza, por la confianza de los financista en el crecimiento de las exportaciones de estos países. Lo interesante de esta crisis es que 14 países latinoamericanos decidieron no pagar la deuda y así comenzaron una fase expansiva de crecimiento en América latina.
Conformado el nuevo orden internacional fijado por el Bretton Woods, formado esencialmente por el Fondo Monetario Internacional-FMI, el Banco Mundial-BM y la Organización Mundial de Comercio-OMC, Estados Unidos asumió el liderazgo de la economía mundial capitalista y los países que se habían negado a pagar la deuda finalmente negociaron con los acreedores reducciones sustanciales del stock de capital y facilidades para la cancelación, lo que permitió su reintegró al sistema financiero internacional en una nueva fase que los volvería a condicionar.
Neocolonialismo financiero. Durante los ’70, el endeudamiento no lo llevaron gobiernos populares sino feroces dictaduras cívico-militares que generaron un nuevo marco del endeudamiento, especialmente porque los niveles alcanzaron casi el 50% del Producto Bruto de la Región y hasta tres veces su cantidad de exportaciones. Entre el período 1975 a 1980, la deuda latinoamericana con los bancos comerciales aumentó a una tasa anual acumulativa del 20,4%, llevando la deuda externa de U$S 75 mil M en 1975 a casi U$S 320 mil M en 1983, dejándolos en un monto de capital sencillamente impagable y obligando a los países a remitir servicios por intereses, que pasaron de U$S 12 mil M en 1975 a más de U$S 66 mil M en 1982. Se estableció así una relación neocolonial, donde la región tuvo una profunda sangría de recursos, con casi US$ 210 mil M de monto negativo en los ochenta, sumado a fugas de capital que van entre U$S 100 a 300 Mil M.
Y cabe insistir en romper con el mito neoliberal que acusa al populismo por el endeudamiento, porque esta fase se da con dictaduras cívico-militares en la mayoría de los países y producto de un shock externo que comienza con la salida de la convertibilidad por parte de Estados Unidos en 1971 y los petrodólares provocado por la acumulación de capital de los países petroleros que inundaron las plazas financieras desde 1973, lo que significó para la región una avalancha de créditos que en algunos casos costearon inversiones de desarrollo, como en Brasil, pero en la mayoría se derivaron a acciones especulativas que estallaron cuando la fase expansiva se retrajo y los países centrales comenzaron a demandar nuevamente capital a partir de 1980, por lo que queda claro que los orígenes del endeudamiento están íntimamente ligados al ritmo de la economía mundial y principalmente a los países industrializados.
Si bien durante los años noventa se implementaron diferentes planes de refinanciamiento, como los Bonos Brady con respaldo norteamericano, y procesos de privatización con capitalización de deuda, lo que implicó el saqueo de empresas públicas, las deudas se alivianaron en plazos pero no en montos. Además, a diferencia de los años 1970 y 1980, cuando la deuda estaba constituida principalmente por préstamos bancarios, América latina entró en una nueva fase de endeudamiento a través de títulos y bonos emitidos en los mercados financieros en las metrópolis, lo que provoca que hoy Argentina esté litigando en Nueva York, con tasas que siguieron procesos especulativos y no productivos.
Así, el endeudamiento en el continente prosiguió, el total de deuda en América latina y el Caribe, que abrió la fase con un nivel de U$S 32,6 mil M en 1970 y que se había disparado a U$S 257,3 mil M en 1980, alcanzando un monto de U$S 475,3 en 1990, de incrementos sólo por capitalización de servicios financieros, hacia el 2001 ya había instalado en los U$S 764,8 mil M en el 2001 y se estima que en la actualidad supera el billón de dólares. Y si bien algunos países presentaron una retracción del endeudamiento, como Argentina que en 2001 estaba en U$S 136,7 mil M y en 2011 logró bajarla a 122,9 mil M, la mayoría de los países siguió incrementando su endeudamiento. A todo este proceso, se deberían añadir la repatriación de capitales y las remesas de utilidades de las inversiones extranjeras, obviamente superiores a los montos de capital ingresados, junto a pagos de regalías y fugas de capital.
Necesidad de un arbitraje. Con la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos, de rechazar la apelación de Argentina sobre el reclamo de deuda realizado por los “fondos buitre”, muestra la fragilidad institucional del sistema internacional condicionado por el interés del capital financiero que impone a cualquier precio el pago de sus mezquinos provechos. Si bien el Gobierno quiere encarar un sistema de pagos, que se centraría en el mismo esquema propuesto en los canjes anteriores, es necesario repensar una instancia de revisión de la deuda bajo un marco diferente de laudo.
Y esto no es una propuesta izquierdista, cabe citar a Adam Smith que en la Riqueza de las Naciones sostenía: “Que una quiebra limpia, abierta y confesada es la medida que a la vez menos deshonra al deudor y la que menos perjudica al acreedor”, dando a entender que existe un principio humano por encima del interés económico. Otro clásico, J. M. Keynes citaba a Silvio Gesell, un economista que centró su actividad intelectual en comprender la situación económica de Argentina en la década de 1880, especialmente luego de la crisis de la deuda con la Baring en el ’90, y que en sus reflexiones publicadas en un trabajo de 1891 sostenía como necesario “la reforma monetaria como puente hacia un Estado Social”.
Por eso, el manejo requiere salir de una lógica judicial y pasar a un planteo de política internacional. Es un buen camino plantear el tema en Naciones Unidas, lograr apoyos en la Unión de Naciones Sudamericanas y de los socios latinoamericanos. En esa línea, Kofi A. Annan, premio Nobel de la Paz y ex Secretario General de la ONU, afirmaba que: “Propondría que en el futuro consideremos un enfoque totalmente nuevo para tratar el problema de la deuda. Entre los componentes principales de tal enfoque debiera figurar... un procedimiento de arbitraje sobre deudas para equilibrar los intereses de acreedores y deudores”. Incluso cabe sostenerlo en los mismos sistemas financieros internacionales, para replantear un sistema que desangra a la región e incluso al planeta.
No es nada descabellado, incluso es un derecho que tienen los municipios norteamericanos, que bajo el derecho de insolvencia pueden renegociar sus deudas en base a las responsabilidades que tienen y los derechos humanos a garantizar. Porque sólo así, las venas latinoamericanas dejarán de estar abiertas.

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OTRAS NOTAS

  • En este momento, el futuro de América latina se está dirimiendo en las calles de Caracas. Y esto no es una expresión melodramática o grandilocuente, sino una clara realidad ante una reacción de la derecha –que hasta ahora sólo vuelve con golpes, como en los casos de Honduras y Paraguay– que hoy echa dardos sobre la República Bolivariana.
  • Endeudamiento y desendeudamiento. El problema de la deuda externa permanece en la historia argentina desde 1826.
    Sus efectos históricos fueron nefastos. Por una parte, significó un drenaje impresionantes de recursos; por la otra, implicó la sujeción a la política económica dictada por los acreedores a través del Fondo Monetario Internacional (FMI).
  • Luego de que en su brevísimo período presidencial Adolfo Rodríguez Saá declarara la cesación de pagos de la deuda externa, a partir de la llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada la Argentina inició un verdadero proceso de desendeudamiento externo. Ese camino iniciado en 2003 permite que en la actualidad los compromisos financieros internacionales sean totalmente manejables en el contexto de una economía robustecida. Como lo muestra el gráfico que acompaña este recuadro, la deuda externa argentina pasó de representar el 151% del PBI en 2001 al 41% en 2009.
  • La nueva acción de los fondos buitre en contra de Argentina es parte de una contraofensiva más amplia de la derecha internacional en contra de los países progresistas de América latina. Conducida por sus principales voces en los medios –Financial Times, Wall Street Journal, The Economist, El País– atacan sistemáticamente a esos gobiernos, que no han aceptado los dictámenes del Consenso de Washington.
  • Los problemas actuales en la Zona Euro, las dificultades de España y Grecia, los ataques especulativos contra divisas y activos financieros, son reveladores de la existencia de desequilibrios profundos en la "macroeconomía" y en las finanzas del sistema global. Es oportuno recordar sus orígenes.
  • Desde la década de 1970 la inflación estadounidense, la integración europea, y el fortalecimiento de otras economías comenzaron a cuestionar la hegemonía monetaria de los Estados Unidos. La participación del dólar como moneda de reserva en los bancos centrales cayó en los años '80, desplazado por el marco alemán, y en menor medida por el ECU -la unidad monetaria de la Unión Europea-, y el yen. El porcentaje de bonos internacionales denominados en dólares también cayó, de dos tercios del total, a un tercio.

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