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domingo, 21 de julio de 2019

Apuntar al mensajero: la estrategia del juez que condenó a Lula





Apuntar al mensajero: la estrategia del juez que condenó a Lula

Glenn Greenwald, el periodista que develó chats que muestran cómo Sergio Moro manipuló el proceso contra el expresidente, es víctima de una campaña de desprestigio. Se resquebraja el cerco mediático que protegía al ministro clave del actual mandatario Jair Bolsonaro.
(Foto: Planalto)
7 de Julio de 2019

Las revelaciones sobre el accionar del ahora ministro de Jair Bolsonaro, Sergio Moro, para procesar, detener y sacar de la carrera presidencial a Lula da Silva, calienta el clima político brasileño y en su defensa, el exjuez y los trolls bolsonaristas agudizan los ataques contra el periodista estadounidense Glenn Greenwald
En una sesión áspera, el ministro de Justicia y Seguridad tuvo un fuerte cruce con Glesi Hoffman, diputada y presidenta del Partido dos Trabalhadores (PT), quien le advirtió que podría ser juzgado por el Supremo Tribunal Federal de la República Federativa de Brasil, por la forma grosera en que manipuló el proceso judicial contra Lula da Silva. La dirigente lo increpó diciéndole: "Usted no está siendo juzgado, pero están proceso de serlo en el STF bajo sospecha, en un hábeas corpus del presidente", refiriéndose al debate que está teniendo el máximo tribunal y que podría liberar al exmandatario en el mes de agosto.
Moro se tuvo que presentar ante la Comisión de Constitución y Justicia de la Cámara baja a dar explicaciones por las conversaciones que fueron difundidas en la prensa a partir de una publicación de Greenwald, fundador del portal The Intercept, donde a partir de comunicaciones del entonces juez se evidencia su presión para direccionar la causa contra el exmandatario y líder del PT, provocar su prisión y luego exclusión de la contienda electoral por la presidencia, que finalmente y por esta razón, ganó Bolsonaro.
El eje de defensa de Moro consistió en atacar a Greenwald, a quien acusó de realizar una difusión "sensacionalista" de la información. Y no sólo eso, sino que redobló el embate al imputarlo de formar parte de un "ataque criminal para invalidar las condenas" por el Lava Jato, con lo cual recibió el beneplácito del bloque oficialista de diputados con manifestaciones de halagos y apoyos.
A partir de ese momento, el periodista estadounidense pasó a ser blanco de la ofensiva del bolsonarismo, tanto en medios como en redes sociales, donde incluso difundieron una fake new sosteniendo que Policía Federal estaría investigando cómo logró acceder a la información que expone a Sergio Moro y revisando presuntas cuentas ilegales a su nombre que lo harían incurso en el delito de lavado de dinero. Algo que fue negado rotundamente por Greenwald, quien afirmó que esa noticia falsa podría ser una represalia por sus develaciones.
La difusión periodística que dio conocer el sitio The Intercept implica un punto de inflexión en la investigación de la presunta participación de Lula en la causa de Lava Jato, porque devela conversaciones donde el Moro instaba activamente a los fiscales del caso a investigar y encarcelar al ex presidente, hecho que se produjo a pesar de no existir pruebas fehacientes sino “indicios”.
Así, quedó en escena Greenwald, un exabogado que es editor en jefe de The Intercept desde 2014, momento de su creación. Un periodista que vive en Río de Janeiro desde hace 14 años y se dedica a este tipo de revelaciones periodísticas de fuerte impacto político. Una muy importante quedó plasmada en su libro No Place to Hide (Sin lugar para esconderse), que trata sobre el estado de vigilancia de los EE UU y donde expone su experiencia en la presentación de los documentos del analista Edward Snowden en todo el mundo. The Intercept proclama hacer un "periodismo confrontativo".
No obstante a la destacada labor periodística de Greenwald, incluso galardonada con el Pulitzer, la estrategia de Moro, potenciada por el bolsonarismo en redes y medios, fue constituir en una falacia la presentación de Greenwald, acusando de haber recurrido a material obtenido ilegalmente y utilizarlo para bajar las investigaciones del Lava Jato, sin desmentir que las conversaciones hayan sido ciertas.
Un dato relevante es que Moro cuenta con el férreo apoyo de Jair Bolsonaro que lo sostiene como ministro, e incluso, según indican algunas encuestas, mantiene un 51% de respaldo en la ciudadanía.
Con sorna, Greenwald en su cuenta de Twitter @ggrenwald posteó una especie de respuesta diciendo: "La ironía es obvia: el movimiento Bolsonaro pasó años afirmando que el Partido de los Trabajadores fue una tiranía que atacó a una prensa libre. Nunca lo hizo". Al mismo tiempo, subió un vídeo del Papa Francisco donde sostiene la necesidad de defender buenos jueces, presentándolo como un apoyo y un tiro por elevación al ministro.
Si bien Moro disfrutó de cierta cobertura mediática de quienes defienden su investigación, algunos medios del establishment como la revista Veja, comienzan a cuestionar el accionar del exjuez, poniendo a la intemperie el law fare accionado para impedir el regreso de Lula como presidente. La publicación se sumó a Folha de São Paulo y también difunden el material de The Intercept. El interrogante es si esto afectará a la legalidad y legitimidad del mandato de Jair Bolsonaro. «

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domingo, 21 de abril de 2019

Bolsonaro y sus SA



Bolsonaro y sus SA

(Foto: AFP)
21 de Abril de 2019
Si bien alguno pensaría que la nota es sobre sociedades anónimas de Jair Bolsonaro, se advierte que no, sino que propone analizar a las milicias vinculadas a su familia. Las SA eran grupos paramilitares liderados por Ernst Röhm, que fueron clave en el ascenso de Adolf Hitler, más allá que luego se deshizo de ellos.
Más allá que el actual presidente sostiene que su estrecha relación con Israel invalida catalogarlo de nazi, e incluso afirma que el nazismo era un movimiento de izquierda, por la nominación Nacional-Socialista del partido, omitiendo que sus fundadores buscaban atraen obreros para alejarlos del comunismo, lo cierto es que su posición xenófoba, misógina, homofóbica y nacionalista habilita a denominarlo así. De hecho, la muerte de la política de izquierda Marielle Franco puso de manifiesto los vínculos que tienen las milicias paramilitares que operan en Río con la familia Bolsonaro, habiendo sido un sostén clave en el ascenso del actual mandatario. Estas milicias surgieron como respuesta de los poderosos a la inseguridad reinante de una ciudad altamente favelada con viviendas precarias e instalación de bandas de narcotráfico. Se estima que de los 5 millones que viven en Río, un 20% vive en las casi mil favelas que se asientan en su territorio, lo que permitió el asentamiento de clanes de contrabando.
Bajo la connivencia de las autoridades políticas, las milicias se fueron organizando como propuesta de seguridad en diferentes áreas de la ciudad. Compuestas por diversos agentes o ex agentes de seguridad (gendarmes, oficiales, bomberos o militares de menor rango). Ese modelo de autoorganización policial es ivindicado por Jair Bolsonaro, promoviendo la libre portación de armas y la licencia amplia para matar de las fuerzas de seguridad, su slogan “bandido bueno es bandido muerto” y la mano en forma de pistola es tan similar como la arenga antijudía y la mano en alto del nazismo.Incluso, cumpliéndose el apotegma marxista que la historia se repite dos veces, las fuerzas militares oficiales de Brasil interpelan el accionar de las milicias y llaman la atención sobre los vínculos con la familia Bolsonaro. Uno surgido directamente de los sospechosos de haber matado a Marielle.El supuesto autor de los 13 disparos del asesinato fue Ronaldo Lessa, quien además de haber sido vecino del presidente, en Barra de Tijuca, complejo de alta gama, su hija tuvo una relación con Giniton Lages, uno de los hijos del clan Bolsonaro, relación que acercó a las familias más allá del noviazgo. Otro vínculo es el que tuvo el ahora senador Flávio Bolsonaro, hijo mayor del presidente, que en su despacho como diputado estadual tuvo como empleadas a la madre y esposa de Adriano Magalhães da Nóbrega, un excapitán de la Policía Militar de Río de Janeiro que sería el mandamás de una milicia llamada “Oficina del Crimen”, una de las más peligrosas del Estado.
Y los nexos no terminan: existen fotos de Jair y Flavio Bolsonaro junto a los gemelos Alan y Alex Rodrigues, hoy jefes de la milicia de São Gonçalo; así como la designación en la Casa Civil como secretario para el nexo con la Cámara de Diputados de Carlos Humberto Mannato, uno de los ex líderes de la milicia Le Cocq en el estado de Espíritu Santo.
A lo largo de su carrera política, Bolsonaro defendió el accionar de las milicias: “Quieren hacer creer que los milicianos son el símbolo de la maldad, peores que los narcotraficantes”; incluso las promovió: “Si el Estado no tiene el coraje de adoptar la pena de muerte, el crimen de exterminio es muy bienvenido”. «

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