martes, 18 de marzo de 2014

Una era que cambió Brasil


Una era que cambió Brasil


El gobierno del PT y sus alcances en materia económica, social y política. La política internacional de multilaterilización e integración. Principales desafíos económicos y políticos a futuro.
RICARDO ROMERO*
Un análisis de coyuntura no puede dejar de lado la comprensión de la formación histórica social de un país, a fin de delimitar la estructura política que se deriva de la misma. Y es que especialmente Brasil tiene importantes diferencias con sus pares latinoamericanos. Desde las características de sus pueblos originarios, que corrieron suerte diferente en la colonización, lo que derivó en un modelo esclavista y se expresa en su estructura social actual; su forma de independencia, que fue realizada por los mismos colonizadores portugueses; por una república de coroneles, que no alcanzó su democratización; por un modelo exportador, que entró en crisis y abrió paso a una industrialización promovida por un populismo incipiente, proyecto que luego se ensambló con el desarrollismo y generaron el milagro que colocó a Brasil como novena economía mundial y hoy disputa el quinto puesto.
Un punto crucial de diferencia entre los países latinoamericanos se expresa en los procesos de democratización. En primer lugar, la dictadura brasileña generó una transformación de avance industrial muy fuerte que tuvo impacto en lo económico, social y político. Los gobiernos militares desarrollaron Planes de Industrialización que dejaron un fuerte parque industrial en San Pablo y consolidó la industria pesada. A su vez, de ese proceso derivó la formación de nuevos sujetos sociales, como la concentración obrera centrada en el ABCD paulista (Santo André, San Bernardo, San Caetano y Diadema), los campesinos que luchan por la tierra en el extenso territorio, los estudiantes secundarios producto del baby boom de crecimiento poblacional, junto a nuevas expresiones sociales, como el feminismo, el indigenismo o la reivindicación afrodescendiente; que devienen en dinámicos movimientos sociales. En tanto que esa expresión social impulsó la formación de partidos políticos con nuevas bases sociales y programáticas.
PT hijo del Brasil. En ese marco, el Partido dos Trabalhadores surge desde las huelgas metalúrgicas en los años ’80, integrando las reivindicaciones de democratización del pueblo brasileño con el movimiento obrero (2 millones concentrados en el ABCD paulista). La campaña Directas Ya! y la sanción de la Constitución consolidaron las instituciones de una república con bases Democráticas, centradas en la participación, que permitieron al PT ir generando una propuesta para enfrentar y revertir la tendencia neoliberal de los noventa.
De esta manera, fue acrecentando su bancada parlamentaria, ganando intendencias y gobernando estados provinciales, hasta llegar a la presidencia con Lula. Paso a paso, generó prácticas de participación ciudadana, economía social, conquista de derechos y siempre propuestas latinoamericanistas, que constituyen su propio acervo histórico de lucha popular.
Una crítica de izquierda que sigue el manual, seguramente ve continuidades en las políticas macroeconómicas ortodoxas, en relación al pago de deuda, el libre comercio o la autonomía del Banco Central. Sin embargo, al ver las políticas sociales no podemos soslayar el proceso de ciudadanización que implica la gestión Lula.
Durante la gestión del PT se impulsó el crecimiento y la extensión del sistema educativo, abriendo nuevas universidades y estableciendo cupos sociales por identidades, abriendo el acceso a sectores excluidos, acompañados por secretarías especiales como la de la Mujer y la de Igualdad Racial, que afirman el compromiso igualitario del gobierno nacional.
 “De lograr la reelección de Dilma Rousseff en octubre que según las encuestas estaría por suceder, el PT estaría marcando un hito histórico en Brasil, sería la primera vez que un mismo partido esté 16 años en el gobierno”
Incluso los enredos de corrupción que tuvo el gobierno de Lula derivó en la reconfiguración interna del PT, que profundizó su base programática y lograron establecer una agenda que colocó a Dilma Rousseff como la candidata a la presidencia.
Por eso, los cambios no concluyeron con Lula, porque a partir de la participación ciudadana se generó un Programa de Aceleración del Crecimiento, que a través de 65 Conferencias Nacionales en los Consejos de Desarrollo, Seguridad Alimentaria, Juventud, Mujer, Afros, entre otros, permitieron la participación de unas cinco millones de personas que elaboraron políticas que dieron marco para que la gestión de Dilma Rousseff siga transformando el Brasil.
El decenio que cambio Brasil. Al repasar algunos datos comparativos al país que dejó el ex jefe de Estado Fernando Henrique Cardoso, podemos ver que el gobierno del PT logró reducir la inflación, que tuvo una acumulada en período 1995-2002 (GFHC) de 106,5% y entre 2003- 2012 (GPT) fue del 76%, con una media del 5,8% frente al 9,1% anterior. Por otra parte, mientras las reservas internacionales cayeron en 2,6 Mil M durante la GFHC, en la GPT se incrementó 887 Mil M. A su vez, la GFHC incrementó la deuda pública, que pasó del 29,5% al 59,6% del PBI y en la GPT bajó al 35%.
En tanto que el PBI/pc durante la GFHC subió sólo el 6,4% y el índice de Gini pasó del 0,60 a 0,58; y en la GPT aumentó el 27,6% y descendió a 0,52. Mientras que el desempleo pasó de una tasa del 5,8% al 9% para la GFHC, en la GPT descendió al 5,5%, significando una generación de empleo de 14 millones frente a los cinco del período anterior. Esto estuvo acompañado por una mejora salarial superior, en la GFHC fue del 29,8% en tanto que en la GPT se ubicó en el 70,7%. Todo este cambio se debió a fuertes políticas de empleo, con un incremento de la inversión que pasó de 6,9 a 35 mil millones de reales. Esto se refleja en la reducción de la pobreza, que pasó del 21,1 al 10,5 por ciento.
A su vez, en lo que refiere a derechos, en la GPT en materia de salud se pasó de una inversión media de 22,47 a 57,47 mil millones de reales, ampliando la cobertura pública de 60 a 100 millones de habitantes. En tanto que en educación también hubo un aumento de inversión, que pasó de 12 a 44 mil millones de reales, especialmente en educación básica, que pasó de 5 a 13,7 por ciento. Teniendo a su vez un fuerte impacto en la educación superior, donde se creó quince nuevas universidades federales y 117 campus de enseñanza superior, aumentando así de 117 mil a 200 mil vacantes anuales, con un total de 700 mil becarios. En tanto que en derechos sociales, el Programa Bolsa Familia alcanza a 12,6 millones de familias. Propiciándose a su vez una reforma agraria, que amplió la cobertura de 11,4 a 67,73 millones de hectáreas aplicadas.
Brasil jugador global. Otro eje importante es la reorientación que marcó el ex presidente Ignacio Lula Da Silva (2003-2010) de las relaciones internacionales de Brasil, rompiendo con ese mito que dice que existe una “política de estado” en materia diplomática y que la conduce Itamaraty. El ex mandatario tomó un fuerte protagonismo en las acciones de política exterior brasileña, asumiendo él mismo la responsabilidad de su ejecución, de hecho se calcula que estuvo 385 días en el extranjero, más de un año de sus ocho de mandato. Básicamente, Lula buscó ampliar la capacidad de negociación internacional de Brasil a través de la multilateralización del sistema internacional, esencialmente mediante la cooperación Sur-Sur alineándose con otras potencias emergentes latinoamericanas, africanas, asiáticas y del medio oriente, línea que se mantiene en el gobierno de Dilma Rousseff.
  “[Un] gran desafío que tendrá la presidente será recuperar el crecimiento económico, porque concluyó 2013 con una magra tasa del 2,3% de crecimiento y parece no salir de su estancamiento”
 Esta activa política exterior permitió a Brasil tener un importante rol en los organismos multilaterales como en el G-20, donde lideró las negociaciones en la Ronda de Doha, y participa en el nuevo diseño de la arquitectura financiera global, propiciando reformas en la ONU, el FMI y el Banco Mundial. A su vez, potencia espacios como el BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), además de consolidar regionalmente a América latina en sus anillos estratégicos: MERCOSUR, UNASUR, CELAC.
Perspectiva Brasileña. Con todo este acervo, de lograr la reelección de Dilma Rousseff en octubre que según las encuestas estaría por suceder, el PT estaría marcando un hito histórico en Brasil, sería la primera vez que un mismo partido esté 16 años en el gobierno. El primer desafío que deberá enfrentar Dilma Rousseff es sin dudas la adeudada Reforma Política, eje que movilizó a dos millones de jóvenes en junio del año pasado y promete estar presente como reclamo durante la Copa 2014. Si bien de esas movilizaciones se reorientaron recursos hacia educación, salud e infraestructura, principalmente surgidos de los recursos petroleros, resta aún avanzar en cambios profundos en los procesos electorales que hoy propician la propagación de la corrupción. Es imperioso salir de los mecanismos personalizados de elección, que paradójicamente se alientan en otros países, y fortalecer los partidos políticos sería un gran avance. Es un punto difícil, los mismos beneficiados deberían votar una reforma, algo que parecería imposible, sin embargo, sería viable avanzar con la aplicación de mecanismos de consulta para potenciar la presión popular, tarea nada sencilla con un Poder Ejecutivo cuyo partido no obtiene más del 20% de las bancas parlamentarias y está obligado a hacer coaliciones para lograr la gobernabilidad.
Otro gran desafío que tendrá la presidente será recuperar el crecimiento económico, porque concluyó 2013 con una magra tasa del 2,3% de crecimiento y parece no salir de su estancamiento. Tras haber alcanzado un 7,5% en 2010, la gestión de Dilma Rousseff no logró superar un nivel del 3%, siendo su performance de 2,7% en 2011 y sólo 1% en 2012. Y si bien se superó el fantasma de la recesión, cuando el primer trimestre de 2014 registró una retracción del 2%, las proyecciones realizadas prevén sólo un 2,6% para 2014, con lo cual la paralización es el principal punto a afrontar en la gestión petista, que con cierto optimismo augura sólo un 4% para el año próximo. Esto se complejiza con la tendencia mundial, porque tanto China, su principal socio comercial, pasó de una tasa de crecimiento del 10,3% al 7,6% anual; o la recesión de la Unión Europea que pasó del 2% a -0,5%; y la desaceleración norteamericana que bajó del 2,5% al 1,5%; Brasil pierde impulso para su expansión. A su vez, las oscilantes políticas monetarias de EEUU, tanto de expansión como retracción del dólar, provoca acciones de protección del real que la llevan a usar casi U$S 60 mil M de sus reservas y reafirmar la dependencia con China, tanto por la toma de deuda como por su consecuente reprimarización de las exportaciones. Son parte de los desafíos para seguir cambiando un Brasil que todavía tiene muchas deudas pendientes. La ciencia política deja paso a la política.

* Politólogo UBA/UNSAM
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